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De Bagdad a México

¿Cómo convencer a millones de árabes de las bondades de la libertad que trae consigo la democracia? Primero, contratemos a una empresa de relaciones públicas – eso nos costará como 25 millones de dólares – para que pague por la inserción de mil artículos en la prensa de Irak. Por cada texto publicado, eso sí, habrá que pagar entre 40 y 2000 dólares según el tamaño y el medio elegido, pero sin duda valdrá la pena. Segundo, para asegurar que se transmitan los verdaderos mensajes de un sistema democrático, bien podríamos reclutar a periodistas del mundo árabe, pagándoles – de manera secreta, pues no hay que provocar escándalos – entre 400 y 500 dólares al mes para garantizar su lealtad. ¿Qué les parece el plan?

Posiblemente ustedes – como yo – piensen que comprar medios y periodistas como estímulos a la libertad de expresión no es una buena idea. Lamentablemente, quién no piensa lo mismo es el gobierno de los Estados Unidos, según se puede leer en un reportaje publicado por The New York Times el pasado domingo.

De acuerdo a la historia contada por Jeff Gerth – y publicada con el titulo de “Military's Information War Is Vast and Often Secretive”- los estadounidenses han hecho exactamente lo que comentamos líneas arriba, como parte de una serie de acciones destinadas a combatir el sentimiento antiamericano en el mundo árabe, y en particular, convencer a los habitantes de Irak y Afganistán, de las bondades que la influencia estadounidense tiene en su país.

Todo, como parte de una campaña que ha resultado “amplia, cara, y secreta” pues en la mayoría de los casos los comunicados o programas de radio y televisión– expresamente creados por soldados de divisiones especializadas en guerra psicológica - aparecen sin una fuente evidente, o simplemente bajo la fachada de organismos fantasma como el International Information Center.

Indudablemente, la publicación de este reportaje aparece en un muy mal momento para el gobierno del Presidente Bush, quien - no obstante vive un ligero repunte en su popularidad, apenas por arriba del 40% de aprobación- enfrenta un entorno interno cada vez más hostil, que se suma a sus crecientes diferencias con sus aliados europeos, naturalmente molestos por la confirmación de la existencia de cárceles clandestinas, y la revelación de secuestros– por supuesto ilegales – de personas sospechosas de vínculos con el terrorismo.

Sin embargo, en medio de este escándalo, el gobierno norteamericano tiene algo que celebrar: sus vecinos mexicanos no se han enterado de nada de lo anterior. Y es una buena noticia pues algún maloso – diría Zedillo – bien podría ponerse a pensar en la posible conexión entre el reportaje del Times y la reciente discusión mexicana en torno a un video en el que aparecen un grupo de narcotraficantes detenidos por presuntos policías mexicanos. Ya instalado en la sospecha, podría pensar que si así operan en Irak – sembrando noticias en función de su agenda – bien podrían hacerlo en México, aunque probablemente a un menor costo, pues sólo bastaría con filtrar supuestos reportes de la CIA, la DEA o el FBI, para colocar sus temas en la prensa nacional, incluso sin comprar espacios ni conciencias.

En esa lógica, hasta tendría sentido que un día se publique un documento que vincule al ex Procurador Rafael Macedo con el narco, para que al día siguiente salga el FBI a desmentirlo. Todo como parte de una campaña orientada a sembrar dudas sobre algunas autoridades, y mostrar músculo ante las posibles resistencias del gobierno mexicano a atender una serie de peticiones del vecino del norte.

Por supuesto, habría que decirle a quien crea estas historias que una cosa es Irak y otra muy diferente México, y que si le preguntan a cualquier funcionario norteamericano no tendría ningún problema en jurar que a “amigous” como nosotros nunca harían una cosa como esa. Y quizá tengan la razón. Lo malo es que no faltará aquél que luego de ver cómo juega el gobierno de los Estados Unidos en otros lados, nunca volverá a ver las noticias igual. Ya saben, nunca falta alguien así.

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